• ÁREA DE PSICOLOGÍA CLÍNICA

    Desde una perspectiva multidisplinar, nuestra labor se centra principalmente en la evaluación, diagnóstico, tratamiento y rehabilitación de las alteraciones psicológicas y trastornos cognitivos, comportamentales y relacionales que inciden en la salud y la enfermedad...

    Leer más
  • ÁREA DE PSICOLOGÍA INFANTO-JUVENIL

    En el Centro de Psicología Clínica y Logopedia Averros, contamos con un equipo de profesionales con formación especializada y experiencia en el abordaje y manejo de las alteraciones psicológicas propias de estas edades....

    Leer más
  • ÁREA DE NEUROPSICOLOGÍA

    Entendemos la rehabilitación cognitiva o neuropsicológica como un proceso activo y parte inseparable de un enfoque integral, que permite al paciente mejorar las alteraciones funcionales derivadas de daño cerebral o enfermedad neurológica, especialmente a nivel de funciones ejecutivas, pensamiento, memoria, lenguaje, atención, percepción y conducta emocional...

    Leer más
  • ÁREA DE PAREJA Y SEXUALIDAD

    En el área de Sexualidad y pareja prestamos servicios de asesoramiento, evaluación y tratamiento de las patologías que afectan a la sexualidad, así como los problemas derivados de la relación de pareja, tanto a nivel individual como de pareja...

    Leer más
  • ÁREA DE PSICOPEDAGOGÍA

    En el Centro de Psicología Clínica y Logopedia Averroes, llevamos a cabo acciones preventivas, correctivas y de apoyo, para dar respuesta a las dificultades asociadas al proceso de aprendizaje que afecta tanto a los chico/as como a sus familias...

    Leer más
  • ÁREA DE LOGOPEDIA

    Nuestra labor se centra en la prevención, detección, educación, evaluación, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y orientación de las áreas de la comunicación humana y sus alteraciones (patologías del lenguaje, de la voz, del habla y trastornos de las funciones orales no verbales). Labor que desarrollamos desde una perspectiva integral. ..

    Leer más
Mostrando entradas con la etiqueta Anorexia nerviosa purgativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anorexia nerviosa purgativa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Anorexia nerviosa purgativa: Terapia cognitivo-conductual

Las metas generales a alcanzar a medio y largo plazo en el tratamiento, principalmente son: Normalización de la dieta y restauración del peso a un nivel saludable para el paciente; Reducción de la insatisfacción con la imagen corporal; Mejora del funcionamiento interpersonal y social. En este sentido, los objetivos terapéuticos tienen que ir encaminados necesariamente a: Incrementar la motivación del paciente y de su familia para entender y cooperar en su recuperación física y psicológica; Proporcionarles pautas educativas relacionadas con patrones alimenticios y nutricionales sanos; Facilitar al paciente los recursos necesarios para comprender y modificar las conductas, cogniciones, emociones y actitudes disfuncionales relacionadas con su trastorno; Tratar la psicopatología coadyuvante y los conflictos psicológicos que mantienen la alteración alimentaria y por último adquirir estrategias y habilidades de afrontamiento para prevenir las posibles recaí­das futuras.

Tratamiento de elección.
El Tratamiento de elección depende de las características personales de cada paciente, su ambiente socio-familiar, la gravedad de los síntomas que presente, así como el nivel de deterioro. En general el tratamiento más apropiado puede llevarse a cabo en modalidad ambulatoria, semi-hospitalización o en modalidad de hospitalización, si se dan los criterios necesarios para ello (Pérdida ponderal grave: IMC < 15 en mayores de 14 años, pérdida de peso > 25%, alteraciones hidroelectrolíticas, presencia de estresores adicionales o de psicopatología que requiera hospitalización). En cuanto al formato de terapia cabe señalar que, a pesar de que el formato grupal presenta mayor ventaja coste/beneficio, respecto al formato individual, a veces resulta difícil de llevar acabo debido a las características de estas patologías y a la dificultad de formar grupos razonablemente homogéneos.
Recuperación física y rehabilitación.
Siendo el primer objetivo del tratamiento la recuperación física y rehabilitación nutricional inicialmente se remite al paciente a su médico para abordar el factor físico general y al nutricionista para restablecer el peso y normalizar los patrones alimentarios. La rehabilitación nutricional debe permitir la recuperación del peso de forma controlada, ajustando el contenido calórico de las ingestas iniciales a las necesidades del paciente e ir incrementándolo progresivamente hasta llegar a un peso saludable. La actividad física debe ser adaptada a la ingesta y al gasto energético del paciente. De igual modo en esta fase resulta fundamental la adecuada colaboración familiar (tener claro cómo deben realizarse las comidas, cantidades, horarios y pautas de actuación, etc.) para evitar la ansiedad añadida y posibilitar la recuperación del paciente.
Una vez iniciada la ganancia de peso, se inicia la terapia psicológica centrándose primero en las conductas potencialmente peligrosas, tales como la restricción alimentaria, las purgas y el uso de laxantes. Posteriormente, se trata de mejorar las áreas problemáticas y características clínicas de cada caso (cogniciones y actitudes, preocupaciones por la imagen corporal, baja autoestima, perfeccionismo, necesidad de control o miedo a perder el mismo, estilos de afrontamiento y estrategias de resolución de problemas, problemas afectivos y familiares asociados, etc.). Finalmente y de cara al seguimiento se prepara al paciente para la prevención de recaídas.
Abordaje cognitivo-conductual.
Desde una perspectiva terapéutica multidisciplinar, en el abordaje cognitivo-conductual, las estrategias a emplear consisten principalmente en el empleo de un conjunto de técnicas educacionales centradas en la alimentación, el peso y la familia; técnicas conductuales (técnicas operantes y de reforzamiento positivo) y cognitivas (restructuración cognitiva para el cambio de pensamientos y actitudes relacionadas con la preocupación por el peso y la silueta) y técnicas de resolución de problemas y estrategias de afrontamiento.
El programa terapéutico se estructura en torno a las siguientes fases:
Fase1: Educación nutricional  y motivación para el tratamiento.
Esta fase suele durar alrededor de ocho sesiones, repartidas semanalmente. Trata temas relativos al peso y la figura y en esta se dirigen todos los esfuerzos a motivar al paciente y establecer una relación terapéutica satisfactoria para el cambio de la conducta alimentaria inadecuada y a asegurar el apoyo familiar necesario para el trabajo terapéutico. Los procedimientos utilizados, normalmente, en esta fase son: 
·         Presentación y explicación del modelo cognitivo de la anorexia nerviosa. 

Partiendo del supuesto de que las ideas disfuncionales que el paciente tiene respecto a la comida y a su propio cuerpo, constituyen el eje central del problema aspectos cognitivos como la tendencia a valorarse a uno mismo en función de la figura y el peso, la baja autoestima, el elevado perfeccionismo y la presencia de pensamiento dicotómico. Dichos factores favorecen el miedo a engordar y la sensación de pérdida de control. La persona se hace especialmente sensible a los cambios de peso e intenta mantener un control estricto sobre la comida (restricción, purgas, ejercicio físico, laxantes). A pesar del autorreforzamiento inicial, dicho control incrementa a medio y a largo plazo su vulnerabilidad y ansiedad, lo que ayuda a perpetuar el ciclo de evitación o escape de los estímulos ansiógenos (obesidad, miedo a perder de control).
·         Proporcionar información sobre el peso y su regulación. 

Desde una perspectiva educativa, se proporciona información sobre el peso corporal y su regulación, señalando las consecuencias físicas y fisiológicas adversas derivadas de la restricción, el vómito auto-inducido y el uso de laxantes. Es una información sobre la ineficacia real de los vómitos y las conductas compensatorias para controlar el peso y sobre los efectos negativos de las restricciones o dietas prolongadas o intermitentes. De igual modo y para conseguir apoyo y colaboración adecuada de la familia, se entrevista a ésta y se le explica en qué consiste el tratamiento y de qué manera pueden ayudar al paciente eficazmente.
·         Monitorizar la alimentación mediante un registro diario. 

Se entrena al paciente a completar el autorregistro en el cual anota detalladamente su ingesta, circunstancias y contexto en que surgen las purgas, uso de laxantes u otros medios, ejercicio físico, emociones y pensamientos antes, durante y después de la crisis eventual; así como también su peso semanal. Estos registros se revisan y se analizan en cada sesión.
Fase 2: Tratamiento cognitivo-conductual.
En esta etapa se incide principalmente en la modificación de los aspectos conductuales, principalmente la restricción alimenticia y las denominadas conductas compensatorias (purgas, uso de laxantes, ejercicio físico excesivo) y en la modificación de los aspectos cognitivos del problema (pensamientos disfuncionales respecto a la comida, la dieta, el peso y la imagen corporal). Igualmente se incide en la resolución de problemas. La etapa se desarrolla normalmente a lo largo de unas 24 sesiones, con una frecuencia semanal.
·         Prescripción de un patrón de alimentación regular y normalización de la dieta.  

Se trata de regular el comportamiento alimentario, prescribiendo las bases de una alimentación sana mediante un régimen alimenticio diario, basado en las recomendaciones del nutricionista. Es fundamental en este apartado la superación de las limitaciones disfuncionales de forma progresiva y controlada, partiendo de la propia situación del paciente y no de lo que se puede considerar como  “normal”. Se elabora con el paciente una jerarquía de los alimentos evitados que se clasifican en cuatro grupos de dificultad creciente según el grado de rechazo. Como parte de una comida y en cantidades razonables, se le recomienda consumir los alimentos de uno de los grupos, empezando por los más fáciles. Mediante el análisis de los auto-registros, se determina si el paciente presenta una ingesta inferior a la esperada, en cuyo caso se le recomienda aumentarla hasta conseguir un mínimo deseado para su peso y talla. Para fomentar hábitos alimentarios adecuados, se le recomienda una serie de medidas de control de estímulos como: el no realizar ninguna otra actividad durante las comidas, comer siempre en el mismo lugar de la casa, en compañía de los demás, etc.
·         Reestructuración cognitiva.            

Como ya se ha iniciado al paciente en la etapa anterior a identificar sus pensamientos y creencias erróneas, comprendiendo su papel en la adquisición y mantenimiento de su problema, en esta fase se le enseña a examinar y cuestionar dichos pensamientos. Para tal fin se utilizan procedimientos similares a los utilizados en terapia cognitiva para la depresión y otros cuadros (Beck) y la terapia racional emotiva (Ellis y Grieger) con cierta adaptación, ya que las distorsiones cognitivas presentes en los trastornos de conducta alimentaria son similares en cuanto a forma pero diferentes en cuanto a contenido (peso, figura e ingesta). Se sigue el procedimiento estándar para identificar las distorsiones cognitivas y examinar el valor adaptativo y funcional de las creencias disfuncionales, comprendiendo las relaciones entre creencias, emociones y conductas. Una vez identificados, se procede a su reestructuración mediante un proceso que consta de cuatro etapas (Fairburn): reducir o tra­du­cir los pensamientos a su esencia; buscar argumentos y evidencias lógicos que apoyen los pensamientos; buscar argumentos y evidencias que puedan refutarlos; buscar conclusiones y explicaciones alternativas para modificar las actitudes irracionales responsables de las conductas y emociones inadecuadas. 
Cada actitud inadecuada se suele redactar en forma de frase que se anota en tarjetas que el paciente suele utilizar cada vez que surja el pensamiento o la actitud disfuncional que desea controlar. Una vez que el paciente haya aprendido a reestructurar sus pensamientos irracionales en consulta, se le anima a practicar por su cuenta, anotando los ejercicios en el dorso de su auto- registro diario de comidas para ser analizado durante las sesiones.
·         Tratamiento de la insatisfacción con la imagen corporal.

El objetivo en esta fase es abordar uno de los problemas centrales del cuadro, la insatisfacción o distorsión que presenta el paciente acerca de su imagen física. Para actuar sobre el componente perceptual de dicha distorsión, bien a través de experimentos conductuales (técnicas del dibujo y marcado de siluetas, imágenes, vídeos distorsionados, espejos deformados) o mediante reconstrucción cognitiva para la dimensión cognitiva y afectiva de la imagen corporal (sobrestimación de la talla o alguna parte del cuerpo). Se le ayuda a darse cuenta de la visión “daltónica” respecto a su figura y a examinar la conexión entre percepción de éxito y apariencia física. Se le facilita los recursos necesarios que le permitan recordar esta distorsión cada vez que se vea obeso/a y aprender a valorarse de forma objetiva, apoyándose en las opiniones de personas de confianza de su entorno, en los datos objetivos de la comprobación semanal del peso y las tallas o la ropa que utiliza. En el caso de presentar sentimientos y conductas de repulsa hacia el propio cuerpo (evitar mirarse, vestirse o desvestirse, usar determinada ropa, evitar espejos, etc.) será recomendable llevar a cabo un programa de exposición para tal efecto: “actuar en contra de su esquema disfuncional”.
·         Resolución de problemas.  

El objetivo es dotar al paciente de un repertorio que le permita manejar las dificultades y resolver los problemas asociados a las conductas disfuncionales (restricciones y purgas). Por lo tanto, se le entrena en interaccionar  y resolver de forma diferente los problemas que se le plantean en el día a día. Para ello se puede seguir el esquema de D´Zurilla y Goldfried, 1971: Identificación del problema; Definición operativa del mismo; Generación de las alternativas posibles; Elección de la alternativa adecuada tras evaluar las distintas opciones; Puesta en práctica de las soluciones adoptadas y Revisión y evaluación de todo el proceso para determinar su idoneidad. Para facilitar la práctica continua y el aprendizaje se emplea el registro diario de alimentación para anotar las incidencias surgidas y las etapas de solución de problemas llevadas a cabo para resolverlas.
Fase 3: Prevención de recaídas y seguimiento.
La tercera fase o de seguimiento, se lleva a cabo quincenalmente con el objetivo de preparar al paciente para finalizar la terapia y asegurar el mantenimiento de los resultados obtenidos, abordando la prevención de recaídas. En este sentido se informa al paciente sobre los riesgos de recaídas, entrenándole en la identificación de las situaciones de riesgo, facilitándole ciertas estrategias de adaptación y de control. También se comprueba que las expectativas del paciente sean realistas y menos absolutas para disminuir su vulnerabilidad ante las mismas. Se pueden simular las situaciones que favorecen y potencian las recaídas, incluso se le invita a “pasarse” con la comida alguna vez sin desmoronarse por ello. En esta fase se le pide realizar una valoración de lo aprendido en terapia y se le ayuda a preparar un plan por escrito para afrontar posibles recaídas en el futuro. Para terminar, se le recuerda a modo de resumen los riesgos de hacer dieta, señalando posibles factores de vulnerabilidad.
Antes de finalizar el tratamiento, se suele lleva a cabo una evaluación del cuadro, para valorar si se han conseguido los objetivos planteados a lo largo de la terapia (aceptación del peso idóneo, normalización de la dieta, desaparición de alteraciones psicopatológicas, etc.); criterios que deben de mantenerse por lo menos durante 4 años en los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) para poder hablar de una recuperación satisfactoria.
Bibliografía.
  • Carmina Saldaña García, Guía de tratamientos psicológicos eficaces del comportamiento alimentario en Guía de tratamientos psicológicos eficaces I Marino Pérez Álvarez y Cols., Ed. Pirámide,  Madrid 2005.
  • C. Perpiña, C. Botella y R. M. Baños; La evaluación de la conducta alimentaria, en Manual para la evaluación clínica de los trastornos psicológicos, Vol. I, V. E .Caballo (Dir.)  Ed. Pirámide Madrid 2005.
  • Donald A. Wiliamson, C.F. Smith y J.M. Barbin, Terapia cognitivo-conductual para los trastornos de la alimentación, en Manual de los tratamientos cognitivo-conductuales de los trastornos psicológicos, Vicente E. Caballo (Dir. Ed. Siglo XXI, Primera Edición Madrid 1998.
  • J.C Sierra G. Buela-Casal, Evaluación y tratamiento de los trastornos alimentarios en Manual de evaluación y tratamientos psicológicos, G. Buela-Casal, J.C Sierra, Madrid, Ed. Pirámide ,2004.
Mohammed Jamil El Bahi
Psicólogo/ Psicoterapeuta
Share:

viernes, 5 de agosto de 2011

Anorexia nerviosa purgativa: Factores de adquisición y de mantenimiento


La anorexia tipo purgativa, guarda semejanzas con la bulimia nerviosa ya que La paciente alterna periodos de restricción con atracones o purgas recurrentes que se compensan con vómitos, laxantes y/o diuréticos. Desde el punto de vista de salud física, aunque la frecuencia de los atracones no sea tan frecuente como el caso de la bulimia nerviosa purgativa, quizá sea éste el tipo de trastorno alimentario de mayor riesgo, ya que el paciente no sólo sobrelleva los efectos de la inanición, sino además impone a su cuerpo el efecto de una sucesión de atracones seguidos de purgas o vómitos.



Debido a esta complejidad estos cuadros requieren una evaluación detallada para determinar la modalidad terapéutica apropiada para cada caso (hospitalaria, hospital de día y tratamiento ambulatorio) así como las áreas objeto del trabajo terapéutico, que sería multidisciplinar, en cualquier caso. ¿Cómo se manifiesta el problema? y ¿Cuales son los posibles factores responsables de la adquisición y mantenimiento del mismo?

Conductualmente, de las principales manifestaciones que caracterizan la anorexia nerviosa purgativa se destaca lo siguiente: Reducción de la cantidad de comida ingerida y eliminación de alimentos “autoprohibidos”, limitándose a comidas sin grasa o muy bajas en calorías; Uso de laxantes; Conductas purgativas; Pesarse de forma compulsiva; Hacer ejercicio excesivo sobre todo después de comer; Control excesivo sobre la propia conducta; Ser muy crítica y exigente consigo misma; Conversaciones focalizadas en la alimentación y las formas del cuerpo. Etc. Familiarmente se pueden darse conductas de enfrentamiento relacionadas con la comida y posibles actitudes críticas e intolerantes hacia los demás.

A nivel cognitivo habitualmente la paciente puede negar el problema, o negar tener hambre; Puede percibirse muy mal (gorda, fofa, con las caderas muy anchas y con mucho pecho…etc.), Mostrarse excesiva y contantemente preocupada por el peso y la forma del cuerpo y con miedo extremado a coger peso; Presentar creencias irracionales respecto a la alimentación, imagen corporal, el peso y el ejercicio físico (muchos de estos pensamientos alterados pueden estar sustentados por la malnutrición).Físicamente la paciente puede presentar irregularidades menstruales.

De los factores predisponentes y de vulnerabilidad, se destacan los relacionados con:
  • Variables personales como la edad, sexo, antecedentes de obesidad  o sobrepeso como estimulo fóbico. Estilo cognitivo y creencias irracionales sobre la apariencia física; Sensación de rechazo, aislamiento y baja autoestima.
  • Variables familiares como: Antecedentes de sobrepeso familiar; Ambiente que da mucha importancia al físico y la delgadez; Perfeccionismo como factor de alto riesgo al asociarse a la percepción de sobrepeso.
  • Variables socioculturales como la asociación de la delgadez con la belleza y el éxito.

Como factores precipitantes puede haber: Sobrepeso inicial; Cambios relativos al desarrollo físico (caderas); Recibir críticas respecto al peso y la figura; Situaciones interpersonales estresantes; Inicio de dieta estricta y hambre intensa secundaria a dieta severa, entre otras cosas.

De los factores de mantenimiento y/o incremento de las conductas desadaptadas se destaca: La restricción dietética/inanición; La purga; Uso de laxantes; Crisis familiar asociada a la enfermedad; y sesgos sistemáticos en el procesamiento de la información relacionada con la alimentación, el peso y la figura, etc.

En términos generales, siguiendo el esquema de análisis funcional propuesto por (Carrasco y Luna 2000), se puede considerar el problema de la anorexia nerviosa tipo purgativo como el resultado de la interacción de varios factores, entre ellos: Baja autoestima basada en la imagen corporal; Condicionamiento de la obesidad como estímulo fóbico. La ansiedad ante la posibilidad de ganar peso y la sensación de falta de control generan las conductas problema (restricción, aumento de ejercicio, uso de laxantes y purgas).
La alternancia entre episodios de descontrol alimentario (restricción/purgas) que presenta la paciente ,además de actuar como eje de su comportamiento desadaptativo, puede ser un método de “sobre-restricción”, al asentarse sobre una conducta alimentaria ya de por sí castigada, en la que el vomitar no vendría ,en cierto sentido, dado por la cantidad desmesurada de comida ingerida, sino por la sensación distorsionada de la paciente de que las cantidades ingeridas son excesivas o de que su ingesta ha sido descontrolada.

Por eso la paciente tiende a controlar meticulosamente su ingesta ya que le hace sentir control sobre sí misma. Produciendo así reforzamiento social y autorreforzamiento (control de la conducta alimentaria, reducción del peso, reforzamiento derivado de la actividad física). Este autocontrol además de aumentar su autoestima hace más difícil que admita su problema.

Como consecuencia la paciente aprende a reducir la ansiedad mediante evitación o escape de los estímulos ansiógenos (estar obesa, sensación de falta de control, etc.) .La preocupación excesiva acerca del peso y la figura vuelve a precipitar la conductas problema (dieta extrema, purgas.etc) y las consecuencias asociadas a las mismas (ansiedad, problemas interpersonales, baja autoestima ligada a la insatisfacción con la imagen corporal y la auto-evaluación negativa) cerrando así el circulo vicioso de este trastorno alimentario.



Mohammed Jamil El Bahi
Psicólogo/Psicoterapeuta
Share:

miércoles, 9 de marzo de 2011

¿Anorexia nerviosa purgativa o bulimia nerviosa purgativa?

La distinción entre los diferentes trastornos alimentarios, con sus respectivos subtipos resulta difícil en la práctica clínica, debido al considerable solapamiento de síntomas que presentan por lo general. A veces cambios aparentemente menores en la conducta o en la actitud del paciente, por ejemplo, la sensación de control o su ausencia sobre la conducta compulsiva, puede cambiar el diagnóstico de un subtipo de anorexia nerviosa (anorexia nerviosa tipo purgativo) a otro subtipo de bulimia nerviosa. Otras veces, incluso un mismo paciente puede cumplir los criterios de varios diagnósticos a lo largo de la evolución de su cuadro y registrar cambios a nivel de conductas y creencias.
 

A pesar de las controversias existentes en torno a la clasificación de los trastornos de la conducta alimentaria, en la actualidad se perciben como un continuo en el cual se agruparían principalmente en función de la cantidad de peso perdido, grado de autocontrol y el empleo de conductas reguladoras del mismo. La justificación de dicha agrupación parte de las necesidades específicas de tratamiento que requiere cada cuadro clínico.

El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-IV (APA) subclasifica a los pacientes con anorexia nerviosa y bulimia nerviosa en función primero del peso, ya que para el diagnóstico de anorexia se requiere un peso por debajo de lo normal (IMC inferior a 17.5) y en segundo lugar de la presencia o ausencia de conductas purgativas aplicadas al control del peso: vómitos autoinducidos, uso de laxantes y enemas, uso de diuréticos, etc. En este sentido, se distingue entre la forma restrictiva de la anorexia nerviosa y la forma compulsiva-purgativa de la misma. El paciente es incluido a una u otra categoría en función de la presencia o ausencia de atracones y conductas purgativas entre sus síntomas. De igual modo, en lo relativo a la Bulimia nerviosa, el DSM-IV diferencia entre el subtipo purgativo y el subtipo no purgativo, siendo característico de los pacientes del primer grupo la autoprovocación del vómito y el uso de laxantes, diuréticos..., con el fin de controlar el peso, en tanto que los pacientes del grupo bulimia nerviosa no purgativa suelen aferrarse a otras medidas compensatorias, tales como la dieta o el ejercicio excesivo.

La anorexia purgativa, se enmarca dentro de la anorexia nerviosa, pero a diferencia de la anorexia restrictiva, guarda semejanzas con la bulimia nerviosa ya que la persona alterna periodos de restricción con atracones o purgas recurrentes que se compensan con vómitos, laxantes y/o diuréticos..., estando la paciente con un peso muy por debajo de lo normal para su edad y estatura .La anorexia purgativa se asocia con la anorexia restrictiva ,la cual se produce con posterioridad como consecuencia de la restricción alimentaria ,el orden inverso también es posible. La paciente con anorexia purgativa suele utilizar los atracones como forma de mitigar los repetidos ataques de hambre que experimenta y posteriormente, vomita o se purga para mantener su peso en niveles muy bajos; de manera que le permite deshacerse de todo lo consumido. Desde el punto de vista de salud física, aunque la frecuencia de las comilonas no sea tan frecuente como el caso de la bulimia nerviosa purgativa, quizá sea éste el tipo de trastorno a de la conducta alimentaria de mayor riesgo ya que el paciente no sólo sobrelleva los efectos de la inanición, sino además impone a su cuerpo el efecto de una sucesión de atracones seguidos de purgas o vómitos. Al igual que la bulimia purgativa, es característico sentir vergüenza y sensación de pérdida de control y por estas razones, es muy probable que la anoréxica bulímica sea más propensa a la depresión.
En la bulimia nerviosa purgativa, la paciente suele presentar un peso normal, o incluso, superior al que corresponde a su talla. Aunque la paciente está tan obsesionada con el peso y la talla como la paciente con anorexia, mantiene su peso dentro de unos límites aceptables. Por esta razón, este tipo de trastorno suele pasar desapercibido., por la falta de signos visibles. La paciente con bulimia nerviosa purgativa suele comer en público y hasta puede llevar una “dieta normal” (al contrario que en la anorexia bulímica), recurriendo a los atracones para aliviar la ansiedad interna extrema. No obstante, su conducta alimentaria es tan desadaptativa como la de cualquier otro paciente con trastorno alimentario. Su patrón de alimentación suele ser irregular; su ingesta depende de si está en pleno atracón o recuperándose de él. Los atracones y los vómitos se convierten en un ciclo que domina su vida cotidiana. Su conducta le suele provocar autodesprecio hacia sí misma y sensación de falta de control que se generaliza a otros ámbitos, la paciente teme renunciar a ella por temor a engordar.
El objetivo de la delgadez se considera como algo primordial tanto en la bulimia nerviosa tipo purgativo como en la anorexia tipo purgativo. A menudo, la bulimia nerviosa es posterior a una anorexia restrictiva.

Los episodios de descontrol alimentario (atracones) que suelen actuar como eje de los comportamientos purgativos, pueden presentar grandes diferencias cuantitativas y cualitativas entre pacientes anoréxicos y bulímicos, de manera que, mientras que en los pacientes bulímicos tipo purgativo ,los métodos purgativos pueden ser verdaderamente “compensadores”, en el sentido de contribuir a evitar el sobrepeso derivado de una ingesta alimentaria masiva, sin embargo , en los pacientes con anorexia nerviosa purgativa son un método de “sobre-restricción”, al asentar sobre una conducta alimentaria ya de por sí mermada, en la que la consideración de “atracón” del episodio no vendría en cierto sentido dada por la cantidad desmesurada de comida ingerida, sino por la sensación distorsionada del paciente de que las cantidades ingeridas son excesivas o de que su ingesta ha sido descontrolada. Las anoréxicas controlan meticulosamente la ingesta de alimentos y eso calma su ansiedad ya que les hace sentir control sobre sí mismas. Por esta razón es más probable que una bulímica admita tener un problema, debido a la sensación de falta de control, mientras que a una anoréxica le costará mucho más admitir su necesidad de ayuda.

A nivel emocional y patológico, los pacientes con conductas purgativas, por otra parte, parecen presentar rasgos específicos, tanto en el caso de la anorexia nerviosa como de la bulimia nerviosa. Así, los pacientes que presentan anorexia purgativa tienden a tener más antecedentes de sobrepeso y a ser más estrictos en el control ponderal que las anoréxicas restrictivas, presentando mayor dificultad para el control de impulsos. Las anoréxicas tipo purgativo además de compartir elementos con la bulimia nerviosa en cuanto a características comunes , presentan mayores niveles de psicopatología y mayor número de conductas autoagresivas que las pacientes con bulimia no purgativas, siendo más frecuente, entre ellas el consumo de tóxicos, tienden a ser más impulsivas, sexualmente más activas y con mayor predisposición a la depresión. Ambos tipos comparten esquemas disfuncionales en torno al peso y la figura. Su preocupación casi obsesiva por la comida, el peso y la percepción negativa de su imagen, acentúa su sensación de fracaso, baja autoestima al no lograr el "cuerpo ideal”, aumentando así su vulnerabilidad y sus dificultades a nivel interpersonal y sociofamiliar (bajo rendimiento académico, problemas laborales, aislamiento y deterioro de las relaciones sociales y familiares).

A nivel físico, el recurrir a las conductas purgativas en ambos tipos puede llegar a generar distintas alteraciones físicas considerables: Determinados cambios electrocardiográficos, complicaciones gastrointestinales alteraciones metabólicas entre otras, favoreciendo la aparición de complicaciones clínicas específicas que dificultan más aún el abordaje terapéutico de estos pacientes.



Mohammed Jamil El Bahi
Psicólogo/ Psicoterapeuta
Share:

Copyright © Centro de Psicología y Logopedia Averroes | Powered by Blogger
Design by SimpleWpThemes | Blogger Theme by NewBloggerThemes.com