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domingo, 9 de junio de 2013

Trastorno Obsesivo-Compulsivo:Modelos teóricos explicativos

Respecto a la génesis y mantenimiento del trastorno obsesivo compulsivo, coexisten varios modelos explicativos, la mayoría se  inscriben en el marco de las dos grandes orientaciones actuales en la explicación de la etiología del TOC.  Por una parte, una orientación centrada en la implicación de factores psicológicos, adquiridos y vinculados a los aprendizajes y las interacciones del sujeto con su ambiente. En esta orientación se inscriben los modelos conductuales y cognitivos así como el modelo psicoanalítico. El modelo conductual, hace hincapié en el mecanismo de refuerzo negativo por el cual se mantienen, o incluso se intensifican los síntomas. El modelo cognitivo, pone mayor énfasis en la implicación del procesamiento de la información y las creencias disfuncionales en la explicación del TOC. La combinación de ambos enfoques (enfoque cognitivo-conductual) tiene la ventaja de ofrecer actualmente herramientas y técnicas de tratamientos con una considerable eficacia para mejorar la sintomatología e incluso la calidad de vida del paciente

Por otra parte, una orientación que se centra en los aspectos cerebrales implicados en los procesos de conciencia y procesamiento de la información, cuya alteración o disfunción podría explicar las manifestaciones del TOC. Para los enfoques basados en la implicación de factores biológicos y neurofisiológicos, la etiología del trastorno se explicaría por déficit en el control conductual, cognitivo y emocional, asociado a determinado funcionamiento de las estructuras cerebro-frontales y más ampliamente con las conexiones cortico-sub-corticales. El interés de este enfoque radicaría a nuestro modo de ver en las mejoras que puede aportar a los métodos terapéuticos existentes, especialmente los tratamientos farmacológicos y en la comprensión de los procesos de procesamiento de la información.

A parte de las orientaciones anteriores, merece la pena hacer referencia a un modelo actual cuyo interés radica en intentar vincular las dos orientaciones anteriores, modelo que en su explicación  de la etiología del TOC pone énfasis en la determinación entre el estado psicológico y el funcionamiento cerebral (ambos se determinan recíprocamente), explicando el trastorno desde una perspectiva que contempla la multiplicidad y complejidad de los factores etiológicos.

MODELOS EXPLICATIVOS CLÁSICOS

Modelo de psicastenia y de las obsesiones de Janet: Concepto de reducción de tensión psicológica.

Uno de los primeros autores en describir claramente el trastorno obsesivo-compulsivo fue Janet (1903) y en sacar las obsesiones, así como las fobias del marco de las monomanías e incluso de la locura, las manifestaciones delirantes y la teoría de la “degeneración mental” que prevalecía en la época (enfoque que lo acerca bastante al planteamiento de las teorías cognitivas más recientes). En el marco de su modelo, asigna un papel central a un estado de tensión psicológico y rasgo de personalidad particular denominado psicastenia, en la etiología de este cuadro así como para el conjunto de las patologías neuróticas (fobias, estados de ansiedad agudos y crónicos) excepto la histeria.

El concepto de psicastenia se define como un déficit de energía mental adquirido y/o innato. Los pensamientos obsesivos se producen por una reducción de la tensión psicológica (estado de psicastenia) que implica la liberación del contenido de las estructuras mentales inferiores de las que destacan los síntomas deficitarios y la emancipación de ideas fijas observadas en el TOC, y obstaculiza el funcionamiento de la actividad intelectual superior de síntesis.

Los impulsos, en particular agresivos, violentos y/o sexuales observados en los pacientes estudiados, se consideran como consecuencia de la pérdida de control del pensamiento consciente voluntario y de la aparición de contenido de pensamiento procedente de las estructuras mentales inferiores y subconscientes. Por otro lado, las acciones elaboradas no pueden llevarse a cabo ya dando lugar a la liberación de actos “inferiores”, poco costosos en energía y relativos a patrones motrices estereotipados. El estado psicasténico se acompaña igualmente de una disminución de la emisión de comportamientos adaptados, innovadores y de exploración, de una perturbación de los procesos de percepción del tiempo, en particular del tiempo presente, así como del pensamiento lógico y los procesos de tratamiento de la información que permiten una percepción de la realidad circundante sin incertidumbre. Este déficit en los procesos de pensamiento lógico y racional da lugar a la aparición de procesos mentales como la ensoñación, el pensamiento mágico y a la ocurrencia de emociones inadaptadas y mal coordinadas (Cottraux, 1998).

Janet sitúa el punto central del estado psicasténico en el origen de los síntomas obsesivo-compulsivos; las acciones, los comportamientos así como los pensamientos se perciben como imperfectos, incompletos, impregnadas de duda e incertidumbre en cuanto a su finalidad. La indecisión propia del estado psicasténico inhibe la acción y conduce a comportamientos de procrastinación así como a Trastornos de la atención y la concentración. El sujeto presenta por otra parte dificultades de experimentar emociones positivas. Estas manifestaciones psicasténicas pueden empeorarse y conducir a una segunda fase de evolución del trastorno en la cual el sujeto se siente forzado, de manera irresistible e incontrolable, a pensar en algunas cosas y realizar algunos actos. Esta segunda etapa es caracterizada por la aparición de lo que Janet denomina los “procesos obsesivos” y las “agitaciones forzadas”. Las agitaciones pueden ser de tres tipos: mentales (“manías” y rumiaciones), motoras (tics, rituales) y/o emocionales (fobias, ansiedad).Janet describe finalmente una tercera fase de evolución del trastorno, el de las “obsesiones y de las compulsiones”. Estos términos se reservan para las ideas e impulsos que son evocados fácilmente y que dominan la vida del paciente.

A este nivel, Janet clasifica las obsesiones en cinco categorías según su contenido: obsesión del sacrilegio, obsesión del crimen, obsesión de la vergüenza de sí, obsesión de la vergüenza del cuerpo y obsesiones hipocondríacas. Él define igualmente las características generales de todas las obsesiones: el miedo asociado a las obsesiones no se refiere a objetos o situaciones externas como el caso de las fobias, sino sobre los propios actos del sujeto.

En el modelo de Janet, se deducen finalmente dos grupos de síntomas: las “ideas obsesivas” que evolucionan hacia las obsesiones, que son endógenas, y cuyo contenido temático versa siempre sobre el temor asociado a una acción personal percibida como potencialmente peligrosa o indeseable, y las “agitaciones forzadas” que evolucionan hacia las compulsiones que son actos mentales, motores o emocionales. Janet no se inscribe pues en una perspectiva emocional del trastorno, ya que considera la ansiedad como secundaria a la aparición de los pensamientos obsesivos. No obstante, se considera el primero ,seguramente, en acercar el pensamiento obsesivo al pensamiento normal, considerando la duración, la repetición y la intensidad como únicos criterios diferenciales entre ambos dimensiones de pensamiento, de ahí la importancia de incluir su modelo en esta introducción.

Modelo psicoanalítico de la neurosis obsesiva y el concepto de impulso: impulsos agresivos y mecanismos de defensa.

Es a Freud (1908, 1929) al que se debe el concepto de neurosis obsesiva (Zwangneurose). Prolonga la proyección de Janet y en lugar de los conceptos de “reducción de tensión psicológica” y de “subconsciente”, propone el concepto de “rechazo” activo y “de inconsciente”. Los síntomas obsesivos y compulsivos son la expresión de mecanismos de defensa emitidos por el “yo” que contradicen conflictos y deseos inconscientes reprimidos por el “superyó”. Desde el punto de vista tópico, las instancias del superyó hacen imposible para el sujeto la expresión de sus sentimientos de odio y cólera, conduciendo a una relación sadomasoquista interiorizada bajo la forma de la tensión entre el yo y el superyó. El conflicto intrapsiquico hace inconsciente y se queda entre el deseo, la prohibición y la culpabilidad, genera no sólo una importante culpabilidad, sino también angustia y ansiedad. En este sentido, según este modelo, el sujeto obsesivo presenta tendencias, agresivas y violentas hacia el objeto que no pueden expresarse a causa de las instancias del superyó (Bergeret, 1995), (mecanismo de formación reactiva).El ritual tiene un sentido de evitación y constituye una intensificación de las defensas (aislamiento, desplazamiento y formación reactiva).

La ambivalencia “amor/odio” explicaría por otra parte los fenómenos de rumiaciones e intrusiones mentales, de indecisión y duda patológica, de culpabilidad y responsabilidad excesiva. La compulsión por repetición, que no está específicamente en relación con las tendencias agresivas, viene determinada por el impulso de muerte. (Freud, 1929, 1966; Laplanche y Pontalis, 1998).

Modelos conductuales o explicación del mantenimiento de las compulsiones.

Los modelos conductuales basados en la teoría del condicionamiento, tratan de explicar los factores de adquisición y mantenimiento de la sintomatología del TOC basándose en las teorías del aprendizaje. Los sucesivos intentos de modelización llevados a cabo entonces, se apoyaban más en la observación clínica que en los estudios de laboratorio. En este sentido se distinguen dos teorías:

La primera, elaborada por Beech y Perrigault (Beech, 1974), explica lo recurrente y patológico de las obsesiones por un Trastorno de habituación. El pensamiento intrusivo es un estímulo interno normal que toma un carácter patológico al no producir una respuesta de habituación emocional. Este Trastorno de la habituación se atribuye a una activación anormalmente elevada del sistema nervioso autónomo fruto de la ansiedad excesiva. Cuando la activación del sistema nervioso autónomo supera un límite crítico, puede dar lugar a un fenómeno de condicionamiento clásico, al asociarse el estímulo interno (pensamiento intrusivo) a otro estímulo ambiental específico convertido en estímulo condicional (la suciedad, el Trastorno). En este modelo, los rituales se establecen secundariamente como estrategias de evitación del estímulo condicional y de alivio de la ansiedad. Este enfoque conductual procura esencialmente explicar el vínculo entre situaciones provocadoras de ansiedad y las compulsiones así como el fenómeno de refuerzo negativo que conduce al mantenimiento de las obsesiones y compulsiones.

El segundo modelo conductual, la teoría de los dos factores o teoría de la evitación, Mowrer (1960) (también utilizado para las fobias), se basa en los mecanismos de condicionamiento clásico y operacional para explicar la adquisición de los rituales. Estos últimos resultan de un mecanismo de aprendizaje en dos tiempos. El primer factor explica la adquisición del trastorno por condicionamiento clásico durante el cual el sujeto asocia fortuitamente un estímulo neutro (el Trastorno) a un estímulo incondicional aversivo, doloroso y generador de emociones negativas (ansiedad). El estímulo neutro se convierte entonces en un estímulo condicional capaz de generar la misma respuesta de ansiedad que el estímulo aversivo de origen. El segundo factor explica el mantenimiento del trastorno (particularmente las compulsiones) por un condicionamiento operacional. Las consecuencias inmediatas y positivas de la realización del ritual (disminución y alivio del estado emocional angustiante), refuerzan negativamente las obsesiones impidiendo su habituación. Las compulsiones alivian a corto plazo el trastorno pero lo mantienen a medio y largo plazo.

Las teorías conductuales logran explicar los factores de mantenimiento del cuadro y la instauración de los rituales sin embargo no logran explicar de modo convincente los factores de adquisición del trastorno, ya que las dificultades de habituación de las respuestas (motoras, emocionales y cognitivas) halladas experimentalmente en los sujetos obsesivos (Beech, 1974; Marcos, 1987), están igualmente presentes en otros cuadros entre ellos los de ansiedad (TAG, Trastorno de angustia) (Gregorio y Fuente, 1996),lo que hace que la teoría no sea específica del TOC. A pesar de ello, y sobre todo debido a las contribuciones empíricas y clínicas resultantes de la implementación de técnicas terapéuticas de exposición, el papel crucial otorgado a las compulsiones en el mantenimiento del trastorno sigue siendo esencial y aún de actualidad en los modelos terapéuticos, especialmente como base de una de las técnicas terapéuticas, de eficacia sobradamente utilizada, en paralelo con otras técnicas cognitivas: la exposición con prevención de la respuesta.

MODELOS EXPLICATIVOS RECIENTES

Modelos cognitivos.

Ante la insuficiencia de los modelos conductuales para explicar la complejidad de las manifestaciones del TOC, y en particular de las obsesiones, aparecieron modelos cognitivos, que se constituyeron a partir de los trabajos sobre el carácter normal de los pensamientos intrusivos (Rachman, 1971; Rachman y de Silva, 1978) y sobre los procesos de habituación a las ideas obsesivas (Salkovskis, 1985).La aproximación cognitiva definida por Rachman (1998) como “teoría de los esquemas de pensamientos”, se basa en la hipótesis general de la normalidad de la existencia de los pensamientos intrusivos y de la disfunción en su interpretación en los sujetos con TOC, Se postula pues una continuidad entre fenómenos obsesivos normales y patológicos y se define los pensamientos obsesivos característicos del TOC como, «pensamientos, imágenes e impulsos repetitivos e intrusos que son considerados inaceptables para el individuo, le ocasionan malestar subjetivo y a menudo están acompañadas de alguna forma de resistencia», Rachman (1998).

La primera tentativa para conceptualizar el TOC según un modelo cognitivo fue hecha por Carr (1974) quien acuñó el concepto de “sobrestimación de los peligros” como un componente del procesamiento de la información específica en los sujetos obsesivos. Esta hipótesis fue corroborada mediante observación por otros autores como Steiner, (1972) quien constató esta diferencia en comparación con población afectadas de otras patologías mentales. La hipótesis de una alteración en el procesamiento de la información, también fue planteada por McFall y Wollersheim (1979) que reanudó el concepto de Carr y propuso la existencia de creencias irracionales en los sujetos obsesivos que conducían a la interpretación de algunos pensamientos intrusivos en términos de peligro. En este modelo, las compulsiones y rituales constituyen medios eficaces para prevenir el peligro y por consiguiente disminuir la ansiedad resultante de la interpretación catastrófica del pensamiento intrusivo. Esta hipótesis fue validada por los trabajos de Salkovskis (1985), de Emmelkamp (Emmelkamp y col., 1988; Emmelkamp y Beens, 1991) así como de Van Oppen (Van Oppen y col., 1995). Las contribuciones teóricas procedentes del modelo de la terapia cognitiva de la depresión y posteriormente de los trastornos de ansiedad desarrollados por Beck y col. (1979) y de otros modelos de procesamiento de la información, han contribuido igualmente a sentar las bases al desarrollo de las teorías cognitivas del TOC.

Los modelos más utilizados actualmente tanto en el marco terapéutico como de la investigación clínica son los desarrollados por Salkovskis (Salkovskis, 1985; 1999; Salkovskis y col., 2000) y Rachman (1998) que distinguen: Los pensamientos intrusivos (u obsesiones); Los pensamientos automáticos negativos que constituyen una interpretación y una apreciación negativa del pensamiento intrusivo ,basada en esquemas cognitivos y creencias particulares; Y por fin los pensamientos y/o comportamientos neutralizantes (compulsiones conductuales o mentales). La creencia en la eficacia de los pensamientos neutralizantes se intensifican en la medida en que el sujeto se persuade de que, sin ellos, las catástrofes temidas podrán tener lugar.

El pensamiento obsesivo, según estos modelos, constituye un estímulo interno cuya interpretación negativa conduce a una respuesta emocional de angustia y ansiedad, secundariamente aliviada por la realización de las compulsiones. Compulsiones que no solo reducen la intensidad de la respuesta emocional, sino previenen también la realización del contenido de la interpretación negativa. Planteamiento que otorga, así prioridad en el TOC al desajuste ideico más que al emocional.

La frecuencia de los pensamientos intrusivos, su duración y la incapacidad para rechazarlos como elementos específicos de los sujetos obsesivos en comparación a otros sujetos que no lo son, es explicada por los mecanismos de sesgo y focalización atencionales consecutiva a la activación de los esquemas cognitivos. Mecanismos que fomentan en el sujeto una actitud hipervigilante ante la ocurrencia de pensamientos intrusivos .El sujeto, al estar hipervigilante, emite una reacción voluntaria específica (tentativa de supresión, evitación, neutralización de la intrusión), aumentando así, la frecuencia y duración de la intrusión (Wells y Mathews, 1994). También se ha demostrado generalmente que las tentativas para eliminar un pensamiento intrusivo produce un fenómeno paradójico de aumento del mismo (Wegner y col., 1987, citado en Rachman y Shafran, 1998; Lavy y Van den Hout, 1990; Clark y Bail, 1991). Por otra parte, en el caso del TOC, los métodos destinados a suprimir los pensamientos intrusivos difieren de los utilizados por los sujetos de controles (Cashman y col., 1996, citados en Rachman y Shafran, 1998). Los sujetos obsesivos recurren más al autocastigo, la preocupación y las inquietudes, el control social y la interpretación catastrófica. Rachman (1997) considera, en este sentido, que las tentativas para suprimir pensamientos cuyo contenido es considerado como catastrófico tienen más probabilidad de producir un aumento paradójico de su frecuencia. Los sesgos en el procesamiento de la información producidos por la activación de los esquemas cognitivos de culpabilidad y responsabilidad excesiva aplicados a la interpretación de los pensamientos intrusivos implican su persistencia y mantenimiento. Convirtiéndose entonces en el punto de focalización de otros pensamientos y acciones (Salkovskis y Reynolds, 1994; Salkovskis et Campbell, 1994; Salkovskis y col., 1998).

Modelos biológicos y neuropsicológicos.

Los modelos explicativos sobre la naturaleza de las disfunciones cerebrales y cognitivas en los trastornos mentales evolucionaron de manera sustancial ,sobre todo desde la segunda mitad de siglo XX ,en paralelo a la progresión de los conocimientos de los mecanismos biológicos asociados a los procesos cognitivos, emocionales y conductuales normales y a los progresos efectuados en los métodos de investigación del funcionamiento cerebral, a partir de los datos de neuroimagen funcional, de los estudios neuroanatómicos ,así como de los perfiles clínicos de los déficit neuropsicológicos de las funciones ejecutivas asociados al funcionamiento a los circuitos fronto-sub-cortico-frontales en sujetos cerebelosos . Sin embargo se han llevado a cabo pocos estudios neurofisiológicos, neuropsicológicos, experimentales y/o psicométricos que pueden validar empíricamente estos modelos para sujetos que presentan el trastorno obsesivo-compulsivo.

El modelo neurobiológico se centra principalmente en la implicación de las redes fronto-sub-corticales en la etiología del trastorno obsesivo-compulsivo. Los datos de la neurobiología y las técnicas de neuroimagen funcional RM (Resonancia magnética) y PET (Tomografía por emisión de positrones) sugieren la existencia de una disfunción de las regiones cerebrales implicadas en los procesos de tratamiento de la información y encargadas de modular los procesos de inhibición-desinhibición en el TOC.

Se sugiere la implicación de perturbaciones funcionales en un conjunto de estructuras subcorticales, los ganglios basales, y de sus relaciones con las redes fronto-sub-corticales, en particular el circuito “ventral” que implica la corteza frontal orbito y los núcleos caudados (Alexander, de Longitud y Strick, 1986; Cummings, 1993; Brody et Saxena, 1996; Saxena y col., 1998; Bradshaw y Sheppard, 2000) .Circuito que hace de interfaz entre el circuito dorsal (corteza prefrontal) y los sistemas emocionales (Rauch y Baxter, 1998).

Otros estudios basados también en imágenes cerebrales se centran en el funcionamiento de determinadas circuitos neuronales y su carácter hipo o hipermetabólico en la aparición de pensamientos obsesivos .Se habla de un hipermetabolismo de las regiones frontales y más concretamente orbito-frontales (Cottraux y Gérard, 1997), así como una implicación del circuito ventral (Baxter y col., 1987; 1988; 1992). En resumen, se encuentra un hipermetabolismo en la exposición a los estímulos obsesivos en algunas de las estructuras subcorticales (núcleo caudado, tálamo y putamen), en las regiones frontales y orbito-frontales así como en otras regiones corticales como las superficies temporales, especialmente en el hemisferio izquierdo (Zohar y cols.., 1989; Rauch y cols.., 1994; Cottraux y cols.., 1996).

A partir de estos datos, Baxter (Baxter y col., 1987, 1988, 1992) propone un modelo explicativo de las obsesiones-compulsiones, en el cual se implicarían los circuitos fronto-sub-cortico-frontales en el control y el rechazo de los estímulos ambientales y también internos no pertinentes y/o distractores. La disfunción de estos circuitos implicaría, en el caso del TOC, una perturbación de los mecanismos de control y rechazo de los estímulos. En este modelo, las estructuras subcorticales como el núcleo caudado se consideran también como mediadores entre la corteza fronto-orbital y el tálamo, estructura implicada en las aferencias sensoriales y constituyendo una puerta de entrada para el procesamiento de la información sensorial (Sherman & Guillery, 1998, 2004). Su alteración daría lugar a una filtración inadecuada de los estímulos sensoriales externos e internos y de la liberación de conductas motoras innatas y automáticas (entre las cuales los rituales) administradas por estructuras subcorticales como los ganglios basales. El cuerpo estriado (núcleo caudado, el putamen, el globo pálido, y el núcleo acumbens), tendría por función administrar y controlar los pensamientos, sensaciones y acciones, sin intervención de las estructuras corticales, por lo tanto de manera automática y sin paso por la conciencia. Se postula igualmente la existencia de una interpretación inadecuada de las rumiaciones ansiosas de origen frontal. El cuerpo estriado no desempeñaría aquí tampoco su papel inhibidor hacia pensamientos e imágenes mentales generadas por las regiones frontales, y en particular fronto-orbitales.

Respecto a la hipótesis de la implicación de los circuitos cortico-striato-talamo-corticales, Brody y Saxena (1996), hacen referencia a un desequilibrio entre las redes neuronales directo (activador) e indirecto (inhibidor), que se traduce en una preponderancia del funcionamiento de la vía directa sobre la vía indirecta y explica la falta de habituación a las obsesiones. La hiperfrontalidad sería, en ese caso, la señal cerebral de la lucha compulsiva que el sujeto ejerce contra sus obsesiones y la hipofrontalidad daría cuenta, al contrario, del abandono de esta lucha.

Déficit neuropsicológicos frontales y alteraciones de la inhibición conductual y cognitiva en el trastorno obsesivo- compulsivo.

Otros estudios basados en cuadros clínicos de TOC consecutivos a lesiones neurológicas adquiridas ,han intentado buscar la relación entre los déficit neuropsicológicos y la alteración de las competencias y las capacidades cognitivas relativas a las funciones ejecutivas (capacidades de planificación, mantenimiento y cambio de una norma, capacidad de flexibilidad mental), y en particular las capacidades cognitivas relativas a los procesos de inhibición-desinhibición supuestamente alterados en el trastorno obsesivo-compulsivo , Flor-Enrique y cols. (1979), Boone y cols... (1991), (Otto, 1992). Dupont, 2002).

En el caso del TOC, el modelo biológico proporciona argumentos a favor de disfunciones cerebrales específicas que conducen a alteraciones en los procesos cognitivos de procesamiento de la información como fuentes de un sufrimiento subjetivo importante; Sin embargo, ningún planteamiento permite actualmente afirmar con certeza si las manifestaciones obsesivo-compulsivas son consecuentes a una disfunción cerebral o si son más bien, origen de una disfunción en el procesamiento de la información que conduce a una modificación en los mecanismos y metabolismos cerebrales. Los resultados parecen demasiado contradictorios, las pruebas utilizadas y las metodologías demasiado dispares para que sea posible sacar elementos comunes al conjunto de las investigaciones con el fin de determinar los substratos neurofisiológicos implicados en el TOC.

A pesar de la falta de una respuesta consensual y de la aleatoriedad de resultados de los distintos estudios disponibles hasta ahora, los datos aportados por los trabajos en neurofisiología y en ciencias cognitivas sobre el funcionamiento cerebral constituyen, en realidad, un nuevo enfoque explicativo de las manifestaciones obsesivo-compulsivas en términos de dinámica de procesamiento de la información, es decir, interacción entre un nivel de organización biológico orgánico-cerebral y otro de organización psicológico, conductual y cognitivo. En cualquier caso, el interés de estos modelos radica en el hecho de aportar datos y precisar los métodos de acción y efecto terapéutico de los tratamientos farmacológicos en uso.

Implicación del sistema de neurotransmisión serotoninérgico en el TOC.

La influencia de la serotonina en un amplio campo de funciones conductuales (apetito, conductas sexuales, actividad locomotora, impulsividad y agresividad, sueño, reactividad sensomotriz y la sensibilidad al dolor, así como el humor) (Lucki, 1998), tendría un papel en la inhibición conductual (Soubrié, 1986) así como en los procesos de procesamiento de la información (Spoont, 1992). Las vías serotoninérgicas, también modulan la actividad dopaminérgica. Su campo de actuación abarca las conexiones situadas tanto en la corteza cerebral como en los núcleos basales y el tronco cerebral.

Numerosos estudios sugieren una disfunción (hiperfuncionamiento) a nivel de neurotransmisión serotoninérgica en el TOC. (Olivar y col., 1995; Hollander et Cohen, 1996). Se demostró una mayor correlación entre el TOC con mayor concentración del ácido 5-hidroxiindolacético (5-HIAA, metabolito principal de serotonina) en el líquido cefalorraquídeo (Hollander et Cohen, 1996) así como el aumento de la sintomatología con en respuesta a los agonistas de la serotonina como la clorofenilpiperazina (CPP).

Por otra parte, son ya clásicos los trabajos de Yaryura-Tobías (1983) sobre los desórdenes serotoninérgicos y la eficacia terapéutica de la clorimipramina, como potente inhibidor de la recaptación de la 5-HT, en los desórdenes Obsesivo-Compulsivos. En los índices farmacológicos, se demostró una respuesta positiva de los síntomas obsesivo-compulsivos a esos inhibidores en un 60% de los casos (Benkelfat y cols., 1989; Barr y cols., 1992; Baumgarten et Grozdanovic, 1998; Blier y de Montigny, 1998). En casos severos, la exacerbación de las compulsiones se asociaría pues a una respuesta exacerbada de los receptores serotoninérgicos (Hollander et Cohen, 1996).

Modelo de la impulsividad percibida y de compulsividad compensatoria.

Basándose en los estudios sobre la implicación de los procesos cerebrales en las manifestaciones obsesivo-compulsivas , y en el progreso y acción de los tratamientos farmacológicos, especialmente las contribuciones de los antidepresivos serotoninérgicos en el TOC ,así como en los trastornos del control de los impulsos , Cottraux (1995; 1998) elaboró un modelo teórico explicativo del TOC que se integra en la perspectiva del espectro de los trastornos vinculados con el Trastorno obsesivo compulsivo( Jenike (1990) ,(Hollander, 1993; Stein et Hollander, 1993; Stein, 1996) ,concepto basado en el solapamiento de características clínicas y neurobiológicas entre el TOC y otras entidades nosológicas clásicamente distintas en cuanto a etiología y sintomatología (trastornos somatoformes, disociativos, de las conductas alimentarias y del control de los impulsos etc.,)

En la explicación del TOC, este modelo pretende integrar distintos factores (impulsividad, interpretación cognitiva y datos neurobiológicos), postulando que uno de los factores etiológicos del trastorno obsesivo-compulsivo sería la presencia de una dimensión impulsiva primaria asociada a un déficit de inhibición cognitiva y conductual. Tal déficit de inhibición daría lugar a pensamientos intrusivos de carácter patológico, alteraciones en los mecanismos de habituación y dificultades para controlar las conductas compulsivas secundarias. Modelo que postula también, que la interacción entre impulsividad y determinados factores socio-ambientales y familiares, puede conducir al sujeto a desarrollar esquemas cognoscitivos disfuncionales.

La interacción entre la “impulsividad percibida” y el desarrollo de esquemas de responsabilidad-culpabilidad explica el origen del problema. La instauración de compulsiones mentales (neutralizaciones) o conductuales (rituales), es secundaria a dicha “impulsividad percibida” y tiene por objeto prevenir el paso al acto, lo que permite también disminuir la ansiedad así como los sentimientos de culpabilidad y responsabilidad asociados al contenido de los pensamientos intrusivos.

En cualquier caso, e independientemente de las diferencias o complementariedad entre los distintos modelos, consideramos que cada tentativa de explicación debe poder aportar elementos de comprensión suficientes que conduzcan a una mejora de los métodos terapéuticos.

Mohammed Jamil El Bahi
Psicólogo/Psicoterapeuta
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domingo, 12 de febrero de 2012

Trastorno obsesivo-compulsivo: Aproximaciones terapéuticas


En la actualidad, gracias a la proyección y desarrollo de tratamientos conductuales, cognitivos, cognitivo-conductuales (Foa y Franklin, 2002) y farmacológicos, el trastorno obsesivo–compulsivo (TOC) ha dejado de ser un cuadro intratable con un pronóstico poco favorable. Existen ahora varias  opciones terapéuticas validadas empíricamente y con una eficacia bastante aceptable. Entre las principales aproximaciones terapéuticas se destaca: 
El abordaje farmacológico, la terapia conductual y la terapia cognitiva. ¿Cuáles son los principios básicos que sostienen dichas aproximaciones? y ¿Cuál es su eficacia terapéutica en el abordaje del TOC? .

Tratamientos farmacológicos.

El abordaje farmacológico del TOC, tradicionalmente ha estado dominado por el uso de antidepresivos tricíclicos, especialmente la clomipramina (Anafranil), cuya acción anti-obsesiva reside principalmente, a diferencia de otros tricíclicos, en sus efectos sobre el sistema serotoninérgico. Sin embargo, su efecto, sobre otros sistemas neurotransmisores ajenos a su acción terapéutica (noradrénergica, antihistamínica, anticolinérgica, antiadrenérgica y potencialmente antidopaminérgica D2 (Austin y cols., 1991) por un lado y el perfil de toxicidad que presenta, favoreció un cambio en las actitudes terapéuticas del TOC.

A partir de los años 90, se pasó al uso de otros antidepresivos con una eficacia equivalente a la de la clomipramina pero con acción más selectiva o ”pura” sobre el neurotransmisor serotoninérgico. En este caso se popularizó el uso de los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (ISRSs) como la Fluoxetina, Fluvoxamina, Sertralina, Paroxetina, y el Citalopram etc.).

A juzgar por los resultados obtenido, el uso de la Clomipramina e Inhibidores Selectivos de Recaptación de Serotonina (ISRSs) pese a ser considerados hoy en día como tratamientos de primera elección en el abordaje farmacológico del TOC, siguen sin resolver el problema de recaídas y de la toxicidad  y  están lejos de ofrecer una respuesta satisfactoria para los distintos tipos que se dan en la clínica del TOC.

Aproximación conductual.

Como suele suceder en otros campos de la ciencia, la evolución de la terapia conductual fue precedida por sucesivos tanteos. Los primeros tratamientos conductuales del TOC fueron inspirados en un modelo de gestión de las contingencias de refuerzo de las obsesiones y compulsiones. Utilizando para ello distintas técnicas que pretendían impedir o “castigar” las conductas  obsesivo-compulsivas: Parada del pensamiento (control del estímulo); castigo de la emisión de los pensamientos obsesivos por técnicas aversivas (choques eléctricos, etc.) o por sensibilización cubierta etc. Técnicas que demostraron una eficacia limitada (Riggs y Foa, 1993; Steketee y Frost, 1998).

Otras técnicas basadas en el modelo del condicionamiento clásico, destinados a la habituación de la ansiedad por exposición prolongada, como la desensibilización sistemática, la intención paradójica, la saciación etc., tampoco mejoraron sensiblemente los resultados terapéuticos anteriores. (Riggs y Foa, 1993; Steketee et Frost, 1998).

Desde la perspectiva conductual, el verdadero progreso fue posible gracias a la introducción de la técnica de Exposición con prevención de respuesta (Víctor Meyer, 1966), que consiste en exponer a los pacientes afectados de TOC a los estímulos desencadenantes de sus obsesiones e impedirles  estrictamente llevar a cabo las compulsiones. Este método es considerado actualmente uno de los tratamientos de elección para el TOC, (Foa y col., 1998).

  • Principios básicos de la intervención conductual en el TOC.

Desde una perspectiva conductual ,la aproximación terapéutica del TOC se basa en tres principios fundamentales: Tratar de exponer a los pacientes a los estímulos ansiógenos asociados a sus obsesiones; Impedir que los pacientes realicen durante las exposiciones conductas de evitación o neutralización observables o no, (compulsiones o rituales), encaminados a reducir la ansiedad (Prevención de respuesta); Favorecer la gestión de la ansiedad y las emociones asociadas a las obsesiones, experimentadas en las exposiciones y a las cuales el paciente intenta escaparse realizando las compulsiones.

El trabajo emocional en las exposiciones resulta fundamental ya que se ha demostrado que la simple repetición de la exposición aplicada a un sujeto pasivo no reduce la ansiedad por la simple habituación a la misma (Mineka y Thomas, 1999).Las hipótesis actuales consideran que la exposición se basaría más bien, por un lado, en la modificación y control de los procesos activadores del esquema emocional patológico (Philippot y col., 2001), y por otro, en el desarrollo del “sentimiento de eficacia” del sujeto ante el desamparo suscitado por sus obsesiones (Mineka y Thomas, 1999).

En cualquier caso, se subraya el papel activo del paciente en las exposiciones. El objetivo fundamental del tratamiento en las exposiciones con prevención de respuesta, es que el paciente pueda adquirir, mediante aprendizaje estrategias y técnicas, un sentimiento de control y eficacia, ante la respuesta suscitada automáticamente por los pensamientos o imágenes obsesivas. (Philippot et col., 2001).

  • Eficacia de la terapia conductual del TOC.

En principio, la exposición es más eficaz que la prevención de la respuesta para reducir el miedo obsesivo y la prevención de la respuesta es más eficaz que la exposición para reducir las compulsiones (Foa y col., 1984).La aplicación conjunta de las dos estrategias terapéuticas (exposición y la prevención de respuesta), supondría mejores resultados a corto y a largo plazo que por separado (Riggs y Foa, 1993).Sin embargo, la aplicación de estas técnicas por sí solas es bastante limitada, cuando se trata de pacientes obsesivos “puros” que presentan más obsesiones que rituales aparentes.

El tratamiento conductual mediante exposición y prevención de respuesta (E+PR) se considera como el tratamiento psicológico de elección del TOC (Nathan y Norman, 1998).Según varios estudios de caso único y estudios no controlados llevados a cabo en varios países, se estima en término medio una mejoría aproximada del 75% de los pacientes tratados con E+PR y una mejoría clara, aproximadamente del 50% de éstos (Steketee, 1993).Datos que ponen en entredicho el supuesto curso crónico e irreversible del cuadro. Sin embargo, estos estudios implican algunas limitaciones, ya que se refieren generalmente a pacientes sin cuadros comórbidos (depresión, trastornos de personalidad...) presentes a menudo en el TOC, pacientes rumiadores u obsesivos puros, y a variables relativas al tratamiento: Tasa de rechazo (hasta 25 %) o abandono prematuro del tratamiento (hasta 10 %); Recaída tras el tratamiento, etc. Finalmente, el restante 25% no se beneficia del tratamiento, (Ladouceur y cols.., 1999; Salkovskis et Kirk, 1997; Salkovskis et Warwick, 1988).
A pesar de las posibilidades terapéuticas brindadas por el enfoque conductual, el trastorno obsesivo-compulsivo sigue siendo, pues, un verdadero reto para los terapeutas conductuales, quedando lejos de ofrecer una respuesta a la complejidad y variaciones de casos que presenta el TOC. Por lo tanto, resulta de gran importancia seguir progresando en la investigación de las técnicas psicológicas más adecuadas, que puedan producir mejorías más amplias y aplicarse a personas que no se benefician de la E+PR, (Carmen Carrió, 2004).

Aproximación cognitiva.

El desarrollo teórico y las limitaciones prácticas de los tratamientos conductuales, ha favorecido la consolidación del enfoque cognitivo como un complemento a los métodos terapéuticos existentes y una alternativa para los pacientes que no se benefician de la E+PR o los obsesivos “puros”.

  • Principios básicos de la intervención cognitiva en el TOC.

La idea base del modelo cognitivo, es que el contenido de la intrusión es relativamente poco importante en comparación con el significado que el paciente le atribuye (Ladouceur 1996). En este sentido, Salkovskis (1985, 1989) considera que el tipo de intrusiones cognitivas que presentan los pacientes afectados por el TOC, no se diferencian de las que presentan la gente en general. La intrusión en sí misma es un estímulo interno neutro que la persona evalúa e interpreta con la finalidad de extraer un sentido. Este sentido idiosincrásico que le confiere, es la piedra angular del modelo cognitivo. Las intrusiones cognitivas son evaluadas e interpretadas de manera errónea por el sujeto dando lugar a una percepción de peligro que provoca un aumento del nivel de ansiedad. La neutralización de la misma sin éxito, mantiene así la espiral de obsesiones.

El por qué algunas personas tienden evaluar sus intrusiones de forma adecuada y otras de forma errónea, el modelo cognitivo lo explica por la presencia de esquemas cognitivos o creencias de base:
  • Sobrestimación de la responsabilidad por el posible daño como consecuente de la intrusión, Rachman y Hodgson (1980), Salkovskis (1989; Salkovskis, Richards y Forrester, 1995).
  • Valoraciones catastróficas sobre el significado de las intrusiones, Rachman (1997,1998).
  • Necesidad e importancia de controlar las intrusiones desagradables, Purdon y Clark (1993, 1999).
  • Perfeccionismo y sobrestimación de la amenaza, aunque estas dos últimas no son exclusivas del TOC.

Según el enfoque cognitivo, el foco principal de la intervención se encamina a construir un modelo nuevo, menos amenazante de la experiencia obsesiva del paciente, modificando los esquemas disfuncionales base del cuadro ,ayudar al paciente a construir otras hipótesis alternativas y explicaciones menos amenazante del pensamiento intrusivo más que centrarse en su ocurrencia (importancia de controlar los pensamientos obsesivos),ya que éstos ,sólo se reducirán cuando se abandonen los intentos inútiles por suprimirlos o controlarlos ,Carmen Carrió (2004).

Para conseguirlo ,la terapia cognitiva cuenta con un conjunto de técnicas clásicas utilizadas en depresión y otros trastornos de ansiedad (Reconstrucción , debate y cuestionamiento de los pensamientos , etc.,) y otras más específicas para incidir en los aspectos más relevantes (creencias y valoraciones relacionadas con las obsesiones) y/o asociados al TOC (técnicas de exploración y reestructuración ,persuasión lógica , comprobación de hipótesis ,cálculo de probabilidades , experimento conductual, técnica del estándar doble, técnica del abogado del diablo ,técnica del pastel, flecha descendente ,entre otras).

  • Eficacia de la intervención cognitiva.

Existen ya evidencias de que la Terapia Cognitiva para el TOC es al menos comparable al abordaje conductual (E+PR) en cuanto a eficacia, especialmente en sus formas básicas. La terapia cognitiva puede ser un complemento ideal para el abordaje conductual en casos de TOC estándar, al facilitar el trabajo de exposición y permitir la adhesión al tratamiento .También una posible alternativa, sobre todo en casos obsesivos “puros”, ya que la limitación del uso de la (E+PR) en rumiadores o sujetos sin compulsiones aparentes es evidente. Su interés radica en este caso, en permitir el trabajo sobre  las creencias obsesivas, disminuyendo la necesidad de reaseguración asociada a los pensamientos intrusivos.

Sin embargo, y a pesar de la escasez de datos fiables (estudios controlados) sobre abordajes cognitivos específicos para el TOC, varios estudios recientes tratan de precisar por un lado , las interpretaciones y creencias relevantes en la comprensión del TOC ( Sobrestimación de la importancia de los pensamientos, Perfeccionismo, Sobreestimación del peligro, Responsabilidad excesiva; necesidad de control del pensamiento etc. ), Purdon y Clark (1999), Van Oppen y Arntz (1994) y por otro lado, tratan de desarrollar distintos instrumentos para su evaluación ,así como propuestas de intervenciones específicas centradas en las obsesiones y el impacto de las cogniciones específicas asociadas a las mismas (Exploración y reestructuración de todos los niveles de creencias y valoraciones relacionados con las obsesiones, persuasión lógica y técnicas de comprobación de hipótesis ,Wells (1997); etc.. Estos trabajos se enmarcan dentro de lo que se ha dado en llamar Terapia Cognitiva Específica (TCE). 


Referencias:



·        Arturo Bados López Trastorno obsesivo-compulsivo UB. Diciembre 2005.

·     Aurora Gavino, Tratando…Trastorno obsesivo-compulsivo, técnicas, estrategias generales y habilidades terapéuticas, Ed. Pirámide Madrid 2007.
·        David A Clark Ph. D Trouble obsessionnel-compulsif, Département de psychologie Université du Nouveau-Brunswick, Mai 2005.
·        Cottraux J., Les ennemis intérieurs, O. Jacob, Paris 2005.      
·    Foa, E.B. Terapia cognitivo-conductual en trastornos obsesivo-compulsivos. II Seminario Internacional sobre Actualizaciones en Psicología Clínica. Bellvitge Barcelona, 17 de diciembre de 2004.
·        García-Soriano, G., Belloch, A. y Morillo, C. Sobre la heterogeneidad del trastorno obsesivo-compulsivo: una revisión. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 13, 65-84. 2008
·   Miguel A Vallejo Pareja, Guía de tratamientos psicológicos eficaces para el tratamiento obsesivo compulsivo, En Guía de tratamientos psicológicos eficaces. Ed. Pirámide Madrid ,2005.



Mohammed Jamil El Bahi
Psicólogo / Psicoterapeuta
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miércoles, 13 de abril de 2011

Trastorno obsesivo-compulsivo




Generalmente el trastorno obsesivo-compulsivo o TOC se compone de obsesiones (pensamientos perturbadores, imágenes o impulsos) que invaden la mente de la persona, sin su voluntad. Aún cuando el paciente piensa que son ideas sin sentido, éstas se repiten una y otra vez, lo que a menudo conduce a tener compulsiones (impulsos irresistibles que el paciente repite una y otra vez). El DSM-IV (APA, 1994) define el TOC, como un trastorno de ansiedad caracterizado por la presencia de obsesiones o compulsiones, o de los dos. Las obsesiones se presentan en forma de pensamientos, ideas, impulsiones o imágenes, con carácter intrusivo, recurrente, y persistente, que provoca habitualmente un nivel de ansiedad considerable. Las compulsiones se refieren a conductas manifiestas o actividades mentales, que la persona se ve obligada a llevar a cabo como respuesta a los pensamientos obsesivos. Generalmente, el objetivo principal de la obsesión es la reducción de ansiedad. Para su diagnóstico, además de la presencia de obsesiones, compulsión o ambas, se exige que haya un deterioro significativo en la vida de la persona.

Clínica del Trastorno Obsesivo-Compulsivo.

Las personas que sufren el TOC, son asediadas por pensamientos, imágenes e impulsiones que invaden su mente hasta el punto de dedicar buena parte de su tiempo a suprimir y neutralizar esos pensamientos obsesivos y la ansiedad asociada a ellos. Generando así en ellos un estado de ansiedad y alterando seriamente su capacidad de afrontar las ocupaciones cotidianas. Las obsesiones se imponen y dirigen la vida de la persona hasta el punto de hacerle perder el sentido de la prioridad. Las personas que sufren el TOC aunque reconocen habitualmente que sus obsesiones son excesivas e irracionales y sus comportamientos son absurdos, no pueden librarse de ellos, a pesar de los esfuerzos; su necesidad de llevarlos a cabo es incontrolable, absorbidos por la ansiedad tienden a aliviarse mediante mecanismos de seguridad, llevando a cabo rituales o compulsiones y evitando las situaciones intolerables y generadoras de ansiedad.

Las Obsesiones.

Son pensamientos, impulsiones o representaciones intrusivas persistentes .Cualquier pensamiento, imagen o impulsión, invasiva, no deseada y repetitiva, que causa un sentimiento de malestar difícil de controlar puede convertirse en una obsesión (Clark 2005) que el sujeto trata de ignorar o neutralizar mediante otros pensamientos. Las obsesiones más frecuentes giran en torno al miedo, a la suciedad y la contaminación, (bacterias, gérmenes, parásitos etc.), las dudas relativas a las acciones, el miedo a los propios actos o impulsiones violentas .El miedo a tener pensamientos odiosos sobre religión (blasfemias) o la sexualidad. La necesidad de orden, la culpabilidad por algún acto cometido supuestamente por la persona (Atropellar a alguien). Etc.

Las Compulsiones.

Las compulsiones son comportamientos repetitivos o actos mentales que el sujeto se siente obligado a realizar como respuesta a la obsesión según ciertas reglas aplicadas de manera inflexible. Estas conductas tienen como finalidad el neutralizar o disminuir los sentimientos de malestar, evitar una situación o acontecimiento desagradable para el sujeto. Las compulsiones más frecuentes son el lavado de las manos, las conductas de verificación (luces, gas, puertas etc.), la recitación de ciertas frases, la acumulación de objetos y la repetición de ciertos actos (tocar repetidas veces objetos, evitar pisar las grietas). Al igual que las obsesiones, las compulsiones son repetitivas y se traducen a través de respuestas mentales o conductas rígidas a las cuales la persona intenta resistir primero, pero termina finalmente cediendo ante la intensidad de la fuerte impulsión de llevar a cabo el ritual.
Comorbilidad y Prevalencia del TOC.

Los pacientes presentan elevados niveles de comorbilidad, con Trastornos del estado de ánimo, Trastornos de ansiedad, TCA, Esquizofrenia, Trastornos de personalidad: personalidad dependiente, evitativa, pasivo-agresiva y obsesiva. (Rasmusseny cols., 2001). Se estima una prevalencia global del TOC del 2,5% (DSM-IV-R, 2002. El 95 % de los sujetos afectados por el TOC, presentan obsesiones y compulsiones a la vez mientras que del 2% al 50% presentan obsesiones mixtas., siendo las obsesiones que giran en torno a la suciedad / contaminación, y las compulsiones de aseo / limpieza, como la duda patológica y los rituales de verificación, los síntomas más frecuentes del trastorno obsesivo-compulsivo. El 25% de los casos presenta sólo rumiaciones obsesivas sin compulsiones manifiestas. Afecta a hombre y mujeres de igual manera, habitualmente se inicia al final de la adolescencia siendo el grupo de edad de 18 a 24 años el que más riesgo presenta, aunque se puede dar también en la infancia. Tiene un comienzo gradual para la mayoría de los pacientes, la lentitud obsesiva y las comprobaciones, las compulsiones de limpieza parecen tener un comienzo más lento (J.G. Sierra B. Casal M.P Bermúdez, pág.223).Una vez establecido el cuadro, tiende a cronificarse. La intensidad de su sintomatología fluctúa a lo a largo de varios años. El TOC tiene menos posibilidad de remisión espontánea, y su sintomatología se intensifica en función de los factores de estrés que presenta el sujeto en su vida.

Por último, destacar el grado de malestar considerable que causan sus formas moderadas y graves en la vida de la persona y de los que le rodean, incapacidad que afecta especialmente las relaciones sociales, familiares y laborales, debido al efecto de los rituales compulsivos en el comportamiento cotidiano, sobre todo teniendo en cuenta la cronicidad y persistencia del trastorno (Rasmussen y Eisen, 1989 y Emmelkamp, de Hann y Hoogduin, 1990).

Etiología y orígenes del Trastorno obsesivo-compulsivo.

La etiología del TOC es producto de la confluencia de factores psicosociales, biológicos y genéticos. No existe actualmente ningún modelo etiopatogénico satisfactorio susceptible de dar cuenta e integrar en un mismo esquema explicativo el conjunto de las características fenomenológicas del TOC. Por lo tanto, ningún proceso genético, biológico o psicológico específico ha demostrado ser la causa principal y suficiente del trastorno por sí solo.

Desde la perspectiva bioquímica y neuroanatómica como factores etiológicos del TOC, principalmente se señala irregularidad en el sistema de transmisión de ciertos agentes neurotransmisores (serotonina, dopamina, vasopresina) y alteraciones estructurales a nivel de los ganglios basales (especialmente el núcleo caudado), (Bellack, Hersen y Salkovskis, 1998).
A nivel genético, se han realizado diversos estudios que demuestran la influencia de factores genéticos en el desarrollo del TOC. Los parientes de primer grado de los pacientes con TOC, tienen mayor probabilidad de contraer el trastorno que otros parientes (Leahy y Holland, 2000).

De los factores psicosociales, se destacan especialmente el aprendizaje ligados a estilos educativos restrictivos y perfeccionistas. (Actitudes de demanda y crítica, sobreprotección, perfeccionismo, actitudes de rechazo y actitudes evitativas del riesgo). (Bellack, Hersen y Salkovskis, 1998) y ambientes donde sobresalen los valores de la limpieza, religión, moral, orden o culpa...(Vallejo Ruiloba, 1998) .sin embargo , queda aún ,por determinar la contribución exacta de estos factores en el desarrollo del trastorno.

Factores de riesgo asociados al Trastorno obsesivo-compulsivo.

Como factores de alto riesgo asociados al origen del trastorno, se destacan especialmente: La presencia de antecedentes familiares del TOC (padre o madre );Estilo y conducta paternal restrictivo, perfeccionista y con excesivo control; Hijo único ;Presencia de estresores o sucesos negativos en el pasado reciente del paciente (problemas sexuales y de pareja, frustración, exceso de trabajo, problemas de pubertad, miedo al incremento de responsabilidad, etc.);Presencia de otras patologías (depresión), trastornos de personalidad o rasgos obsesivos, presencia de tics y por último el intervalo de edad que oscila entre 15 y 25 años.

El pronóstico del TOC tiene que ver especialmente con, su comorbilidad con otros trastornos, ciertos trastornos de la personalidad influyen negativamente en el resultado del tratamiento, como es el caso de las personalidades esquizotimias, dependientes y pasivo-agresivas. Reacciones y ambiente familiar (cualquier reacción extrema de la familia ante la conducta patológica del paciente, ya sea una cooperación indulgente o una oposición hostil, contribuye a la exacerbación de la patología). Nivel de funcionalidad previa (Social, laboral, académico, interpersonal y sexual).

Mohammed Jamil El Bahi
Psicólogo/Psicoterapeuta
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